La fase más difícil de dejar el consumo no es la abstinencia
La fase más difícil de dejar el consumo no es la abstinencia Mucha gente logra lo que parecía imposible y, en vez de alivio, encuentra un vacío que no esperaba. Que eso ocurra no es señal de que algo esté fallando: es una de las fases más documentadas y menos explicadas de la recuperación, y entenderla cambia lo que viene después.
Hay una frase que aparece con cierta frecuencia en las primeras semanas de acompañamiento clínico: "Logré lo que quería y no sé qué hacer con eso." Cuando alguien deja de consumir, el entorno suele respirar primero y celebrar después. Pero entre el alivio de los cercanos y el trabajo que sigue, aparece algo que pocas personas anticipan: una sensación de extrañeza difícil de nombrar, de no reconocerse del todo ahora que el uso ya no está. Que eso ocurra tiene nombre clínico, está bien documentado en la literatura sobre adicciones, y casi nadie lo explica antes de que ocurra.
La sustancia organiza más que el cerebro Durante el uso activo, la droga no solo actúa sobre la química cerebral. Organiza la vida entera: los horarios giran en torno a ella, las amistades suelen compartirla, los rituales para manejar el estrés o el aburrimiento quedan asociados a ese hábito. Con el tiempo, la identidad —el conjunto de vínculos, rutinas y relatos que definen a alguien— queda entrelazada con el consumo hasta hacerse difícil de separar. McIntosh y McKeganey, en su investigación con personas que habían salido de la dependencia (Beating the Dragon, 2002), identificaron que uno de los factores más determinantes en la sobriedad sostenida era la capacidad de romper con lo que llamaban la "identidad de consumidor": la imagen de sí mismo construida alrededor del uso. Esa ruptura, precisaron, no se produce de forma automática al dejar la sustancia. Hace falta trabajarla.
La abstinencia como vacío que hay que llenar El cerebro necesita tiempo para recuperar su capacidad de sentir placer sin estimulación artificial —algo que exploramos en detalle en los primeros 90 días de abstinencia—, pero el fenómeno del que hablamos aquí va más allá de la biología. Cuando alguien deja de consumir, cambia mucho más que lo que ingiere: cambia cómo ocupa el tiempo, con quién lo pasa y qué relato tiene de sí mismo. La pregunta que suele emerger entre el primer y el cuarto mes es, en última instancia, existencial: ¿quién soy yo sin esto? No tenerla respondida figura entre los factores que con más frecuencia elevan el riesgo de recaída, porque el vacío sin dirección tiende a jalarnos de vuelta hacia lo conocido.
Por qué volver puede sentirse como volver a casa William White (2007), investigador especializado en recuperación de adicciones, describió el proceso no como un estado que se alcanza sino como una redefinición activa y continua del yo. Lo que alguien edifica durante esa redefinición —nuevas rutinas, vínculos distintos, un propósito reconocible— es lo que sostiene la sobriedad a lo largo del tiempo. Sin esa edificación, el vacío actúa como un atractor hacia lo anterior. Volver al uso, en ese contexto, no es solo retomar la sustancia: es regresar a algo comprensible, a un rol que funcionaba como ancla aunque fuera dañino. El NIDA estima que entre el 40 y el 60% de las personas con trastorno por uso de sustancias experimenta al menos una recaída. Esa cifra no se reduce solo con información ni con fuerza de voluntad: se reduce cuando quien está en este camino tiene algo real que construir en el espacio que el uso dejaba.
El yo en recuperación se arma, no se rescata El malentendido más frecuente en esta fase es creer que existe un yo previo al consumo esperando ser rescatado. Para muchas personas, en particular quienes empezaron a usar durante la adolescencia, ese yo anterior era tan incipiente que no hay mucho a qué regresar. Lo que llamamos recuperación, en ese sentido, no es un retorno sino un proceso de armado hacia adelante, y ese proceso requiere preguntas que pocas personas se han formulado con tiempo: ¿qué me interesa ahora que no sea el consumo? ¿Con quién quiero pasar el tiempo? ¿Qué quiero que la gente diga de mí dentro de dos años? ¿Qué hago cuando estoy solo y sin estructura? Son preguntas incómodas, y también son el trabajo real de este camino: el que va más allá de la desintoxicación y la contención inicial. Es lo que abordamos en el módulo de cambio de hábitos y reestructuración cognitiva y en el módulo de relaciones interpersonales y apoyo social de Nexo Vital: no para ofrecer respuestas prefabricadas, sino para ayudar a formular las preguntas adecuadas con acompañamiento profesional.
Sentirse perdido no es lo mismo que estar retrocediendo El entorno suele malinterpretar esta fase. La familia, que lleva meses o años en alerta, tiende a leer la extrañeza como señal de recaída inminente y a aumentar la presión justo cuando quien está en recuperación necesita espacio para redefinirse. Como señalamos en el artículo sobre el rol de los cercanos en el tratamiento, el acompañamiento del entorno también requiere orientación clínica. Maruna (2001), en su investigación sobre cómo las personas que han tenido conductas dañinas logran reinventarse, identificó que quienes sostienen los cambios a largo plazo comparten un rasgo común: desarrollaron una narrativa de sí mismos orientada hacia lo que estaban construyendo, no hacia lo que habían sido. Esa narrativa no surge espontáneamente: se trabaja, y en la mayoría de los casos, se trabaja mejor con ayuda. Si te encuentras en ese lugar —con semanas o meses de abstinencia y una sensación de extrañeza que no sabes bien cómo nombrar—, no estás retrocediendo. Estás frente a la parte más exigente y más importante del proceso. En Nexo Vital trabajamos exactamente con eso: no solo con dejar el uso, sino con armar algo más sólido en su lugar. Si quieres saber cómo, puedes comenzar aquí o escribirnos directamente.
Por Ricardo Manzur Carrasco Nexo Vital Referencias McIntosh, J. & McKeganey, N. (2002). Beating the Dragon: The Recovery from Dependent Drug Use. Prentice Hall. White, W. (2007). Addiction recovery: Its definition and conceptual boundaries. Journal of Substance Abuse Treatment, 33(3), 229–241. NIDA (2020). Drugs, Brains, and Behavior: The Science of Addiction. National Institute on Drug Abuse. Maruna, S. (2001). Making Good: How Ex-Convicts Reform and Rebuild Their Lives. American Psychological Association. Marlatt, G.A. & Donovan, D.M. (2005). Relapse Prevention: Maintenance Strategies in the Treatment of Addictive Behaviors. Guilford Press.